Durante siglos, el pensamiento occidental ha alimentado la idea de que nuestra conducta y nuestros pensamientos son producto de una entidad unitaria -la «mente»- que reside en ese intrincado laberinto de conexiones neuronales
Durante siglos, el pensamiento occidental ha alimentado la idea de que nuestra conducta y nuestros pensamientos son producto de una entidad unitaria -la «mente»- que reside en ese intrincado laberinto de conexiones neuronales