"El Santo Padre encontró el reflejo más puro de la misericordia de Dios en la Madre de Dios. Él, que había perdido a su madre cuando era muy joven, amó todavía más a la Madre de Dios. Escuchó las palabras del Señor crucificado como si estuvieran dirigidas a él personalmente: \"¡Aquí tienes a tu madre!\". E hizo como el discípulo predilecto: la acogió en lo íntimo de su ser. Totus tuus. Y de la Madre aprendió a conformarse con Cristo\". (Cardenal Joseph Ratzinger, homilía en el funeral de Juan Pablo II, 8-IV-2005).