Una Iglesia sinodal se edifica sobre dinámicas comunicativas multidireccionales, participativas e interactivas, en las que la conversación juega un papel central. Es la comunicación la que configura la formaecclesiae , manteniendo su identidad en un proceso abierto y en camino como Pueblo de Dios, gracias a la participación activa de todos los bautizados y bautizadas… El diálogo, en este contexto, no es simplemente un intercambio de ideas, sino una interacción creativa y transformadora… Es una práctica vivida con la convicción de que es el Espíritu Santo quien actúa tanto en cada persona como en la comunidad cristiana en su conjunto. Él es quien enriquece a la Iglesia con carismas y ministerios, quien une en la diversidad y quien sostiene la comunión en la diferencia.