Sin privacidad, el mundo se volvería solitario e inhóspito. No es solo un derecho a ser protegido, sino una herramienta para vivir.
Cada día disminuye la parte de nuestra vida que no está bajo vigilancia y que no se convierte en datos. Podemos configurar los parámetros de privacidad en nuestros dispositivos y redes sociales, pero sabemos que nuestros esfuerzos son insignificantes ante el capitalismo de vigilancia y la manipulación algorítmica. En nuestra era hiperconectada, muchos han comenzado a preguntarse si todavía es posible tener vida privada.
Este libro argumenta que sí, aunque por razones inesperadas. En los últimos años, se ha producido un acalorado debate en el ámbito del derecho y la tecnología sobre si toda violación de datos personales constituye un ataque a la libertad. Pero la privacidad, defender Pressly, no es simplemente un derecho a ser protegido, sino una herramienta para dar sentido a la vida. La privacidad mejora nuestras relaciones. Sin ella, el mundo se volvería solitario e inhóspito. Todos necesitamos un refugio: no un lugar donde escondernos, sino un espacio psíquico más allá de los confines de un
mundo digital en el que el individuo es tratado como un simple dato.