José María Soler Plà (1895-1936) fue maestro nacional, esposo y padre de familia. También columnista, miembro activo de varias asociaciones —fundador incluso de una de ellas—, experto apicultor y agente esencial de la profunda renovación que vivió la enseñanza española durante el siglo xx. En las aulas de Revilla de Camargo encarnó una honda vocación pedagógica, inseparable de su fe. Fue asesinado en agosto de 1936 tras defender sin tibieza la presencia de Dios en la escuela. Fue, en fin, un hombre bueno y sencillo cuya cita con la historia no fue buscada, pero a la que respondió con mansedumbre y palabras de fe. Esta biografía quiere ser documento histórico, sí, pero también homenaje a un testimonio de coherencia y perdón que trasciende el tiempo.