Cada decisión en las cosas pequeñas, cotidianas, aparentemente intrascendentes, alimenta el Amor o el miedo, la coherencia o la incongruencia, la evolución o la involución, aumenta o disminuye nuestra sensibilidad, nos ensancha o nos encoge, pero, sobre todo, cada pequeña decisión no está aislada del mundo, sino que existe una interconexión de todo con todo y son esas miles y miles de pequeñas decisiones supuestamente irrelevantes las que construyen el mundo.
Cada día, sin que visiblemente pase nada significativo, estamos alimentando unas corrientes de conciencia u otras. Tenemos en nuestras manos la posibilidad de decidir qué corriente alimentar.
Esa es nuestra responsabilidad, ese nuestro poder.