Cuando el mundo parece haberse detenido, cuando nos hemos alejado del mundanal ruido, cuando nos hemos quedado quietos, comienza, paradójicamente, la inquietud interior, la batalla del Amor que cada uno ha de librar para resistir a las tentaciones, y a los comunes cantos de sirena que todos conocemos.
El desierto se nos presenta como una batalla, una promesa y un tesoro, pese a los tiempos recios que atravesamos y pese a la dureza del terreno que vamos a pisar, “aquel desierto” es un canto esperanzado y al mismo tiempo es el pasaje al desierto de cada uno.