El Evangelio dominical de Cuaresma del Ciclo A aborda la experiencia de la madre de Jesús y busca extraer de ella un modelo para seguir a su Hijo. En este camino, acompañamos a María de Nazaret como mujer, creyente y discípula; lo que se exalta no es lo extraordinario, sublime o excepcional que hay en ella, sino más bien lo que se contempla es su humanidad, que, abierta al misterio de Dios, se convierte también para nosotros en un camino que podemos seguir tras las huellas del Señor. La vida de María, su visión, sus decisiones, sus pensamientos y su sensibilidad nos llevan a encontrarnos con la mirada de Cristo.