Contemplar los astros es una actividad nocturna. Sin embargo, cuando Dios pidió a Abraham que contara las estrellas, el sol todavía no se había puesto. Abraham miró al cielo sin ver nada. Eso era exactamente lo que el Señor le pedía: creer en una promesa que aún no podía contemplar. Mucho tiempo después, un hijo de Abraham vino al mundo. Ese hijo Dios hecho hombre murió crucificado. Y, sin embargo, en esa muerte humillante, la Iglesia ha reconocido siempre el cumplimiento de todas las promesas, también las hechas a Abraham. Este libro nos sitúa ante ese mismo desafío. Al recorrer, a través de las preguntas de Jesús, los días decisivos de su Pasión, Muerte y Resurrección, se nos invita a creer cuando no vemos. Descubrir a nuestro Dios crucificado puede llenarnos de más preguntas que respuestas, pero no podemos dejar de hacerlo. Contemplar al Señor en la Cruz es lo que nos cambia la existencia. De hecho, es el único suceso que tiene la fuerza para hacerlo.