Seis reescrituras, de variada enjundia, seis versiones en vida. Y el deseo de haber tenido las fuerzas para emprender una séptima, tras la última en 1923. Este hecho da cuenta de la importancia que Santiago Ramón y Cajal otorgó a Reglas y consejos sobre investigación científica, libro que nació en 1897 como su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (RAC) y que acabó evolucionando hasta convertirse en un ensayo preceptivo, en un «espejo para los científicos» o speculum scientificis, con el que buscó entregar a las futuras generaciones sus reflexiones sobre la naturaleza de la ciencia y del hacer científico, una guía con la que describir cuál debía ser la actitud con la que cualquier joven aficionado debía lanzarse al ruedo de la investigación. A partir de su experiencia, el histólogo transita de lo personal a lo colectivo, disertando sobre las causas que, bajo su punto de vista, ocasionaron durante siglos el rendimiento científico «pobre y discontinuo» de España. La única solución para subvertir esta situación son los tónicos de la voluntad: una terapéutica basada en la acción del individuo y en la puesta en marcha de una «política científica» por parte del Estado.