Hoy día la cristiandad ha desaparecido. Como en la Iglesia primitiva, nos encontramos
viviendo en una era apostólica, un periodo histórico que exige una mentalidad
misionera. Si no hacemos el cambio del mantenimiento a la misión, no solo a nivel
parroquial o diocesano, sino en la Iglesia universal, nuestro futuro mismo estará de
nuevo en peligro.